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Con mano ajena

Un examen de Química

Felipe Benitez ReyesFelipe Benítez Reyes

Escritor


Yo era más bien de letras: leía los tebeos de Marvel Comics Group, que llegaban a la papelería del pueblo los miércoles por la tarde con la puntualidad de un prodigio convertido en rutina. Alguna vez la puntualidad fallaba, pero el prodigio nunca: allí estaban ellos, los habitantes de mundos portentosos, en pugna renovada con las manifestaciones fantasiosas del mal, incluidas las ultraterrenas. Me ensombrecían el ánimo las mortificaciones íntimas de Dan Defensor, superhéroe en sus soledades; me admiraba de las habilidades con el escudo del Capitán América, me trasladaba al ámbito de la mitología con las aventuras difíciles de Thor, el dios del trueno de los escandinavos, hijo de Odín, en su sagrada Asgard de traza futurista...

Yo era, ya digo, de letras.

Por eso me fastidiaba el hecho de que aquel jueves tuviésemos un examen centrado en la tabla periódica de los elementos químicos. A pesar de mi trato asiduo con mutantes, la asignatura de química nunca fue mi fuerte. La señorita Sole se conformaba con que supiésemos el nombre del elemento y su símbolo, y nos eximía de tener que aprendernos sus propiedades y su número atómico. Aun así, aquello no era poco para alguien de letras.

El berilio era Be, pero el itrio era Y. El rubidio era Rb, pero el oro era Au. No encontraba un patrón. Aparte de eso, era miércoles y yo acababa de comprar mis cinco tebeos de la semana: el Capitán América, Thor, Spiderman, Dan Defensor y la Patrulla X. El jueves era un mal día para poner un examen.

Mientras intentaba estudiar, la cabeza se me fugaba a otros territorios: ¿de qué planeta enemigo procedería el vanadio?, ¿podrían fabricarse armaduras de estroncio?, ¿sería letal el zirconio para los héroes?, ¿daría sueño el hafnio?

El dios del trueno tenía problemas: "Acompañado por un registrador humanoide, el poderoso Thor abandona el mundo de los colonizadores para entrar en la temida y totalmente misteriosa galaxia negra, de la cual no ha regresado ningún ser viviente". El llamado hombre sin miedo, el hijo ciego del boxeador borracho, el abogado de los desvalidos cuando no llevaba su disfraz de superhéroe, tampoco las tenía todas consigo aquella semana: "Le llamaban el Organizador, y fue el peligro más abrumador al que tuvo que enfrentarse en su carrera nuestro estimado Dan Defensor".

Pero el arsénico era As. El niobio tenía que ser Nb y no N.

La señorita Sole nos trataba bien, pero no podía aprobarnos si poníamos en el examen que el símbolo del bario era una simple B en vez de Ba. Los conocimientos que exigen exactitud tienen esos inconvenientes. Estoy seguro de que la señorita Sole, si en vez de ser profesora de química lo hubiese sido de literatura, no tendría inconveniente en aprobar a quien pusiera en un examen que Pío Baroja nació en Sevilla, por ejemplo, pero el escandio tenía que ser Sc y no otra cosa.

Me pasé toda la tarde del miércoles luchando con la tentación de visitar la galaxia negra y de enterarme de los planes arteros del Organizador, pero logré aprenderme los elementos y sus símbolos en una proporción aceptable: la proporción suficiente para que el azar me diera una opción.

La señorita Sole nos decía siempre: "No os pido lo que podría pediros. Me conformo con que me deis un poco de lo que podría pediros". La señorita Sole siempre llevaba el mismo bolso y el mismo peinado. Tenía un cochecillo rojo y una letra muy redonda.

El litio, el magnesio, el francio. Vale.

El examen era a primera hora, lo que me impediría dar un repaso durante las clases previas o durante el recreo, y yo llevaba mi sabiduría química cogida con alfileres. A primera hora, llegas embotado si no has tenido la prudencia de estudiar al menos un par de días antes, y reconozco que casi nunca fui prudente en ese aspecto.

A las 9 y cinco, la señorita Sole aún no había llegado.

Unos minutos después entró en el aula don Isidro, el director: "La señorita Sole ha tenido un accidente". Algunos suspiramos por lo que tenía de bueno aquella mala noticia.

Miguel Sanz, que parecía ir para prohombre pero que luego se quedó en oficial de notaría, se apresuró a levantar la mano, como hacía siempre, ya fuese para preguntar o para responder. "¿Le ha pasado algo?" Don Isidro agachó la cabeza y susurró: "Ha muerto".

El cobre era Cu. El talio Tl.

La señorita Sole nos trataba bien. Nos pedía menos de lo que podría pedirnos.

Aquella tarde, Thor penetró en la galaxia negra y salió con vida. Dan Defensor se enfrentó al Organizador y salió con vida.

A la señorita Sole la sustituyó la señorita Carmen, que tenía un coche verde y que nos pedía un poco más que la señorita Sole, de modo que aquel verano el cesio fue Cs, el magnesio Mg, y todo aquello iba unido a la muerte por un hilo invisible, como el puente mágico que unía el mundo de los héroes imposibles con las tardes de los miércoles.


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