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Crítica de libros

Antonio Mingote y José Manuel Sánchez Ron

EL MUNDO DE ÍCARO

Barcelona, Crítica,
2010, 252 páginas
ISBN: 978-84-9892-154-0

Por Alberto Gomis
Director del Departamento de Ciencias Sanitarias y Médico-Sociales. Universidad de Alcalá de Henares


El Mundo de Ícaro de Antonio Mingote y José Manuel Sánchez RonEn la mitología griega, Ícaro, hijo del arquitecto e inventor Dédalo y de la esclava Naucrates, fue encarcelado junto con su padre en una torre de Creta, por el rey Minos, luego de que el monstruoso Minotauro que había dado a luz Pasifae, la esposa de Minos, consiguiera escapar del laberinto construido por Dédalo. Durante el encierro, Dédalo construyó sendas alas para él y para Ícaro. Luego de enseñarle a volar, advirtió a su hijo que no debía volar muy alto porque podría derretirse la cera que unía las plumas de las alas. Ícaro no hizo caso, ascendió a gran altura, la cera se derritió, las plumas se desprendieron y él cayó al mar y murió. El libro que reseñamos, como señalan sus autores en la introducción, "trata del mundo que alcanzaron Dédalo e Ícaro, esto es, de los cielos, o mejor, de todo aquello que está por encima de nuestras cabezas...".

Los autores, los académicos Antonio Mingote y José Manuel Sánchez Ron, tras el éxito alcanzado con su anterior ¡Viva la Ciencia! (Barcelona, Crítica, 2008) repiten la fórmula empleada, en aquel, que simultánea textos precisos, pero no complejos, con magistrales dibujos, haciendo muy asequible para el gran público asuntos que, en otro contexto, pueden resultas áridos. La divulgación de la ciencia adquiere en trabajos de este tipo su máxima expresión.

En el capítulo primero, que titulan "La aparición de los seres voladores: insectos y dinosaurios con pluma", comienzan exponiendo el origen del Universo y la Tierra, aspecto que, en parte, ya habían tratado en su anterior ¡Viva la Ciencia! y que tiene su momento inicial en una gran explosión, un Big Bang, que tuvo lugar hace 13.600 millones de años. Luego, al tratar de responder a la pregunta ¿cómo surgió la vida en la Tierra?, y tras exponer que ésta debió comenzar hace algo menos de 4.000 millones de años, se detienen en la exposición de los trabajos y resultados de Aleksandr Ivanovich Oparin, Stanley Lloyd Miller, James Watson y Francis Crick, hasta afirmar que el ARN y el ADN constituyen "piezas (inventos de la naturaleza) esenciales en la historia del origen de la vida".

La divulgación de la ciencia adquiere en trabajos de este tipo su máxima expresiónMás tarde, se detienen en señalar las diferencias que existen entre la atmósfera primitiva y la actual atmósfera terrestre, en la exposición de la teoría de la evolución de las especies mediante selección natural de Charles Darwin y en el paso de los seres vivos unicelulares a los pluricelulares, "de las bacterias a los dinosaurios". A los insectos, los primeros seres voladores, y al Archaeopteryx lithographica, fósil que muestra el vínculo entre aves y reptiles, dedican los siguientes apartados de este primer capítulo, que finalizan con los trabajos de Leonardo da Vinci (1452-1519) sobre el vuelo de las aves.

"Arquímedes en el mundo de Ícaro: globos y dirigibles" es el título que lleva el capítulo segundo, donde, tras exponerse las primeras experiencias con globos de los hermanos Montgolfier, Joseph-Michel (1740-1810) y Jacques-Étienne (1745-1799), experiencias que llevan a cabo a partir de diciembre de 1782, se detallan muchos de los vuelos posteriores, lo que dio lugar a una auténtica globomanía. No puede faltar, en esta relación, la primera prueba de ascensión en España, que tuvo lugar en la Plaza de Santa Bárbara de Madrid a finales de noviembre de 1783. Los globos, y más tarde los dirigibles, debían ser inflados con gran cantidad de gas. Tras la exposición del principio de Arquímedes (c. 287-212 a. C.), se dedican algunas páginas a presentar los más exitosos dirigibles, como fueron La France, el Zeppelin, el Graf Zeppelin y los diferentes modelos debidos al ingeniero cántabro Leonardo Torres Quevedo.

En el tercer capítulo se detienen en las máquinas que vuelan y son más pesadas que el aire. Antes de responder a la pregunta ¿por qué vuelan los aviones?, exponen el principio de Bernoulli, debido a Daniel Bernoulli (1700-1782), y el efecto Venturi. Como homenaje a todos aquellos que dedicaron sus esfuerzos a estudiar los fenómenos asociados a la dinámica del vuelo esbozan la biografía del ingeniero aeronáutico, de origen húngaro, Theodore von Kármán (1881-1963). Tras llamar la atención sobre la importancia que tuvieron los túneles aerostáticos en el ensayo de aviones, pasan a exponer la era de la aviación, que tiene como precedentes al inglés George Cayley (1773-1857) y al alemán Otto Lilienthal (1848-1896), y como destacados protagonistas a los hermanos Wright, Wilbur (1867-1912) y Orville (1871-1948). Helicópteros y autogiros, el motor de reacción, los Boeing setecientos y el Concorde también merecen textos y dibujos de los autores.

El título "Humanos en el espacio", que es el del capítulo cuarto, no deja dudas sobre su contenido. Comienza con la exposición de las tres leyes del movimiento de Isaac Newton (1643-1727), para ocuparse enseguida de los pioneros en la construcción de cohetes: Konstantin Tsiolkovsky (1857-1935), Robert H. Goddard (1882-1945) y Hermann Oberth (1894-1989). Más adelante, del ingeniero Wernher von Braun (1912-1977) y de la base militar de cohetes de Peenemünde, de la puesta en órbita alrededor de la Tierra del satélite Sputnik el 4 de octubre de 1957, del inicio de la Guerra Fría y de la perra Laika, el primer ser vivo en orbitar la Tierra, hasta llegar a Yuri Gagarin (1934-1968), el primer hombre que, transportado en el Vostok 1, orbitó la Tierra. En las páginas siguientes desfilan tanto astronautas soviéticos (Gherman Titov, Valentina Tereshkova, Andrian Nikolayev), como estadounidenses (Alan Shepard, John Glenn, Edgard White, James Lowell y Edwin Aldrin). Por fin, el Apollo 11 llevó a los dos primeros hombres que pusieron sus pies sobre la Luna. Sus nombres, Neil Armstrong (n. 1930) y Edwin E. Aldrin.

El capítulo quinto, "Cosmodiversidad", que arranca con la aplicación al cosmos de la teoría de la relatividad de Albert Einstein (1879-1955), pasa revista a la historia del telescopio, la expansión del Universo y la radioastronomía. En el apartado "Pulsares y Cuásares" se aclara el título del capítulo, que tiene que ver con "la aparición de nuevos ciudadanos del mundo de Ícaro". A los agujeros negros y a los planetas extrasolares se dedican las últimas páginas del capítulo.

Se incluyen de manera destacada, en cada uno de los capítulos, una serie de textos independientes que tratan aspectos puntuales Se incluyen de manera destacada, en cada uno de los capítulos, una serie de textos independientes en los que se tratan aspectos puntuales, como pueden ser: "¿Qué es la vida?, según Charles Sherrington", en el capítulo primero, o "El viaje a la Luna de Julio Verne", dentro del capítulo cuarto. Dentro de éstos, el glosario dedicado a explicar los términos que tienen que ver con la "Cosmodiversidad", que figura en el capítulo quinto, es de gran utilidad, pues allí se aclaran conceptos como gigante roja, enana marrón, estrella de neutrones, agujero negro y estrella fugaz, entre otros.

En el apéndice se seleccionan "los 25 principales del mundo de Ícaro", todos ellos hombres, "lamentamos no haber podido elegir a alguna mujer" señalan los autores, y la perra Laika. De esos veinticinco nombres ya han aparecido dieciocho a lo largo de la reseña, son aquellos de los que entre paréntesis damos la fecha de nacimiento y muerte. Si añadimos los nombres de Galileo Galileo (1564-1642), Ferdinand von Zeppelin (1838-1917), Charles Lindbergh (1902-1974), Edwin Hubble (1888-1953), Frank Whittle (1907-1996), Hans von Ohain (1911-1998) y Sergéi Korolev (1907-1966), la nómina estará completa. En lámina a gran tamaño (de 63 x 27 cms.), pero cosida al volumen, se representa a estos veinticinco principales, a la perra Laika, e incluso a los autores.

Luego de aprender y disfrutar con los textos y los geniales dibujos del presente volumen, sólo nos resta esperar que se cumpla el dicho de que "no hay dos sin tres" y que, en no mucho tiempo, los autores nos ofrezcan una tercera entrega.


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