|
|
|

Cristóbal Pera
EL CUERPO SILENCIOSO.
Ensayos mínimos sobre la salud.
Triacastela,
2009, 386 págs.
ISBN 978-84-95840-39-4.
Por Rafael Huertas
Profesor de Investigación del Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC)
"La santé c'est la vie dans le silence des organes". Este aserto del cirujano francés René Leriche, con el que se inicia el libro que comentamos, inspira los contenidos y hace de hilo conductor de estos "Ensayos mínimos sobre la salud" que Cristóbal Pera ha agrupado bajo el sugerente epígrafe El cuerpo silencioso. La obra constituye la última entrega de lo que hasta el momento podría considerase una ¿trilogía?, cuyos dos títulos anteriores: El cuerpo herido (Acantilado, 2003) y Pensar desde el cuerpo (Triacastela, 2006) ya nos habían ofrecido buena muestra del talante intelectual del autor y del interés de sus argumentos y reflexiones.
No cabe duda de que en los tiempos actuales una suerte de "cultura somática" triunfa en nuestra sociedad globalizada, impregnándola de una "cultura del cuerpo saludable", o incluso de una "cultura del cuerpo modificado", donde la belleza, la delgadez, la juventud... se han convertido en sinónimos de salud y de éxito social. Por eso es muy de agradecer que alguien como Cristóbal Pera nos ofrezca una visión del cuerpo desde una perspectiva bien diferente, la del cirujano acostumbrado a ver y actuar sobre cuerpos heridos, pero también la del humanista capaz de insertar su saber científico en un marco social y cultural, o la del profesor que reelabora y transmite con competencia una serie de conocimientos convirtiéndolos en enseñanzas.
Frente a esa representación hiperbólica del mito de Narciso en la que cuerpos "ruidosos", exaltados y en el fondo ficticios, son admirados en el gimnasio o en el spa -atípicos panópticos repletos de miradas que evalúan y desean-, se aboga aquí por cuerpos silenciosos, sosegados y muy reales. Cuerpos, los nuestros, cuya caducidad, deterioro biológico y vulnerabilidad debemos aceptar y hacer compatible con el bienestar, el equilibrio y la autoestima.
En este notable empeño, Cristóbal Pera aborda un amplio abanico de temas de indudable relevancia sanitaria: envejecimiento, obesidad, estilos de vida, sexualidad, estrés, sedentarismo, cáncer, etc., y lo hace en breves capítulos cuyos contenidos proceden de la selección y revisión de una serie de textos aparecidos en un blog diseñado y desarrollado por el propio autor (Bloglandia.com/salud). No deja de resultar reconfortante imaginar al profesor Pera convertido en un bloguero influyente, dispuesto a "subir" a la red informaciones y reflexiones que de otro modo no hubieran llegado más que a un número limitado de lectores, pero también es de agradecer la decisión de la editorial Triacastela de poner en papel, en el soporte más tradicional pero menos efímero de un libro, estos ensayos escogidos y destinados a ser leídos de manera más detenida y sosegada que la que la pantalla del ordenador suele imponer.
Divulgar con rigor
No resulta fácil, y tampoco debe ser el objeto de esta breve reseña, referirse a todos y cada uno de los asuntos tratados en estos ensayos mínimos. Tres cosas merecen, no obstante, destacarse de manera genérica: erudición, compromiso y "sentido común". Es evidente que el libro –y el blog que está en su origen- no se dirige a especialistas, sino que pretende un público amplio y "profano"; sin embargo, divulgar no significa trivializar y Pera es muy consciente de ello. Llama la atención de qué manera relata y explica los contenidos de no pocos artículos aparecidos en muy reputadas revistas médica y científicas (British Medical Journal, New England Journal Medical, Lancet, Pediatrics, American Journal of Epidemiology, Nature, Science, etc.), lo que nos da una idea, no solo del grado de información manejada por el autor o su capacidad para hacer asequible la misma, sino su voluntad expresa de apoyar sus afirmaciones con argumentos científicos rigurosos. Argumentos que son atravesados constantemente por otro tipo de conocimiento y de sensibilidad. La muy extensa formación humanística del autor le permite recurrir a los clásicos para apuntar los inconvenientes para salud tanto de los excesos como de los defectos, destacando la sana moderación recomendada por Platón o por Aristóteles. Asimismo, Gastón Bachelard y su poética del espacio le dan claves para entender los espacios sociales en los que se sitúan nuestros cuerpos, o los espacios íntimos en los que construir la categoría de "cuerpo enclaustrado", sometido al abuso, al dominio y a la violencia, en clara alusión a las mujeres maltratadas. Muy pertinentes también me parecen las alusiones a Foucault cuando se relaciona estilos de vida con "gobernabilidad", cuando se habla de sexualidad o cuando se analiza la disciplina escolar en relación con la higiene infantil.
Destacaré para terminar que los Diarios de Kafka ilustran el problema del estrés laboral, que son notables las páginas dedicadas a Susan Sontang a propósito del lenguaje médico y de las metáforas de la enfermedad (y del sida en particular) y que la medicalización de la sociedad es analizada a la luz de la obra de Ivan Illich -como no podía ser de otro modo- pero sin olvidar a Jules Roman y su fantástico Knoch.
Así pues, teniendo la salud y la medicina como objeto primordial, en estos ensayos de Cristóbal Pera las ciencias médicas dialogan con la filosofía, con la historia, con la antropología, con la literatura, con la psicología; esto es, con las humanidades y con las ciencias sociales, demostrándose, una vez más, la importancia de pensar el cuerpo y la salud sin reduccionismos ni biológicos, ni sociológicos. Sin duda hay otras muchas formas de entender el cuerpo: mi cuerpo como "ser-en-el-mundo", que diría Gabriel Marcel, o el "cuerpo-para-mi" y el "cuerpo-para-el-otro", si consideramos el empeño ontológico de Jean Paul Sartre en la búsqueda filosófica de la intersubjetividad. En este sentido, hace ya algunos años, Pedro Laín [El cuerpo humano. Teoría actual, Espasa-Calpe, 1989], nos explicaba cómo los filósofos han intentado dar respuestas al problema del cuerpo que los médicos no se han llegado a plantear, ni tienen por qué hacerlo. El cuerpo propio, el cuerpo "sentido", puede tener, en efecto, diversas lecturas, desde la filosófica, más o menos existencialista, a la meramente personal: sentirse bien o mal, estar alegre o melancólico, tener cefalea, gastralgia o el "silencio visceral" que los antiguos semiólogos, según nos recuerda Pera, asimilaban con una cierta salud orgánica.
Pero el rigor y la erudición, también la claridad expositiva y la cuidadosa redacción, no son las únicas virtudes de un libro que me parece comprometido con su propio tiempo. Junto a temas más o menos clásicos de la divulgación médica (cáncer, estilos de vida, envejecimiento), aparecen otros cuya actualidad es muy patente: la violencia de género, los estudios sobre las emociones, la convivencia ciudadana, etc.
Sentido común
Si terminara aquí esta reseña creo que habría cumplido, más o menos, con mi función, al dar a conocer una obra interesante e incitar a su lectura. Pero una última valoración me parece obligada, El cuerpo silencioso destila en cada página "sentido común": la felicidad es relativa -siempre en el frágil equilibrio entre la realidad y el deseo-; los viejos pueden tener una vida saludable; necesitamos conocer nuestras limitaciones y aceptar nuestra vulnerabilidad; el principio de incertidumbre el inherente a la práctica médica; los problemas de salud no se solucionan solo con la atención médica, etc. Parecen cosas de "sentido común", obviedades que todos deberíamos conocer o tener asumidas pero sabemos que no siempre es así. En ocasiones es necesario afirmar lo obvio con contundencia y sosiego; así lo hace Cristóbal Pera, con argumentos razonables y rigurosos, dotando de "sentido común" la ingente información que sitúa, maneja y analiza en estas reflexiones en torno al cuerpo silencioso, al cuerpo sosegado. Un libro que puede servir, como expresa Emilio Lledó en su prólogo, para saber aceptar los dolores de la existencia y para descubrir el prodigioso espacio de nuestra corporeidad, el inmenso gozo de nuestra condición carnal.



Gracias a la colaboración institucional de: