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Química y esfera pública durante la Ilustración en España

Jose_Ramon_BertomeuJosé R. Bertomeu

Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia "López Piñero", Universidad de Valencia-CSIC.

Médicos y farmacéuticos promovieron el desarrollo de la Química en España en el siglo XVIII. Su expansión a la esfera pública precisó de la interacción con otras corrientes intelectuales de la Ilustración, y las diversas culturas de la química del siglo XVIII fueron permeables al tránsito de ideas, prácticas, objetos, materiales y personajes


Los químicos-historiadores se esforzaron en mostrar las importantes contribuciones que los químicos españoles de la Ilustración habían realizado Al igual que con otros muchos temas, la investigación histórica de las últimas décadas ha producido un cambio notable en la imagen de la denominada "revolución química" de finales del siglo XVIII. Algunos químicos-historiadores del siglo XIX transformaron este episodio en el momento fundacional de la química y convirtieron a su personaje más conocido, Antoine-Laurent Lavoisier (1743-1794), en un héroe creador de una nueva disciplina, atribuyéndole una amplia variedad de contribuciones, desde la ley de conservación de la masa hasta la aproximación cuantitativa, la balanza o la idea de composición química. Esta reconstrucción de los hechos fue adoptada en los manuales de enseñanza y se convirtió en un ingrediente de la memoria colectiva de la comunidad química durante los años de su consolidación disciplinar. Reforzada a través de celebraciones, obras de divulgación e, incluso, mediante documentales y obras literarias, la mitología sobre los orígenes de la química moderna ha tenido también sus aplicaciones didácticas en forma de reconstrucciones más o menos afortunadas de descubrimientos cruciales, especialmente en el caso del aislamiento del oxígeno o de la síntesis del agua. También ha servido para fomentar una larga controversia sobre la prioridad de los descubrimientos (sobre todo entre Antoine Lavoisier y Joseph Priestley) que, desde mediados del siglo XIX, ha estado teñida de connotaciones nacionalistas, fomentadas por la asociación entre gloria nacional y avances científicos realizados por imaginados compatriotas.

Recreación del experimento de Lavoisier con la cal roja del mercurio

Imagen 1.- Recreación del experimento de Lavoisier con la cal roja del mercurio. Este experimento fue considerado como el punto de partida de la química moderna, por lo que fue descrito como modelo de investigación científica en innumerables libros de texto y obras de divulgación durante los siglos XIX y XX. El trabado procede de la obra del divulgador Louis Figuier, Vies des savants illustres, depuis l'antiquité jusqu'au 19è siècle. Paris: Librairie Internationale Bruxelles, 1867-1877.

En este contexto se han desarrollado las investigaciones sobre la historia de la química en España, marcadas tanto por el exagerado rol atribuido a Lavoisier como por polémicas de prioridad con rasgos propios procedentes de la "polémica de la ciencia española". Esta controversia en torno a la pregunta "¿qué debe la ciencia a España?" tuvo sus raíces en el siglo XVIII pero alcanzó su máximo desarrollo en el siglo siguiente para sobrevivir, con bastante vitalidad, hasta nuestros días. Los químicos-historiadores se esforzaron en mostrar las importantes contribuciones que los químicos españoles de la Ilustración habían realizado en terrenos como el análisis del aire (Martí i Franqués), la terminología química (Aréjula) o el hallazgo de nuevos elementos: Andrés Manuel del Río y el "eritronio" o "vanadio" y los hermanos Elhuyar y el wolframio (este último asunto se ha reavivado a principios del siglo XXI, con la reciente decisión de la IUPAC sobre el empleo de la expresión "tungsteno", que ha sido cuestionada por algunos miembros de la Real Sociedad Española de Química). Al igual que otros trabajos semejantes, estos estudios trataban de rescatar a personajes injustamente olvidados para mostrar la indudable capacidad del genio español para el avance de la ciencia, aunque sin dejar de denunciar las dificultades que habían impedido su pleno florecimiento. En realidad, algunos de estos trabajos informan mejor acerca de la época en que fueron escritos que sobre la revolución química y su repercusión en España. Las denuncias de los químicos-historiadores estaban dirigidas a factores como la asfixiante burocracia, la carencia de recursos de laboratorio y otros asuntos que tenían más relación con sus propias limitaciones que con la situación de la química del siglo XVIII en España. Esta situación resulta comprensible por el contexto en que fueron presentados los trabajos, por lo general ideados para servir como discursos de recepción en academias científicas o para ser leídos durante actos conmemorativos de instituciones o personajes.

El panorama ha cambiado sustancialmente con la consolidación de la historia de la ciencia como especialidad histórica y los nuevos enfoques que se han introducido durante el siglo XX, particularmente en las últimas décadas, lo que ha conducido a una sustancial renovación de personajes, problemas y fuentes. Por un lado, se ha mostrado la existencia de una disciplina química plenamente consolidada en el siglo XVIII, muchas décadas antes de la entrada en escena del joven Lavoisier.

La química del siglo XVIII fue desarrollada en España por médicos y farmacéuticos que se interesaron por temas tales como las afinidades químicas, la química de las sales o el análisis inmediato, sin necesidad de sujetar estos programas de investigación a marcos teóricos que resulten actualmente familiares.

Química pública

La química del siglo XVIII fue desarrollada en España por médicos y farmacéuticos Otro aspecto que ha merecido gran interés ha sido la entrada de la química en la esfera pública y su interacción con las diversas corrientes intelectuales de la Ilustración. Las décadas centrales de la Ilustración comportaron un fuerte incremento de los públicos interesados en la ciencia en España, tal y como muestra la creación de tertulias científicas, sociedades académicas y un gran número de demostraciones públicas realizadas por profesores españoles y extranjeros en un gran número de localidades. Muchos cursos perseguían entretener a un público diverso mediante un espectáculo basado en descargas eléctricas, explosiones y otros fenómenos singulares como los que producían los nuevos fluidos elásticos (o gases) que fueron descubiertos en esos años. Un ejemplo son las demostraciones realizadas por José Viera y Clavijo en la residencia del Marqués de Santa Cruz, las cuales inspiraron su poema didáctico sobre los nuevos "aires fijos". La química del siglo XVIII propició otras obras literarias de bastante mayor envergadura, como Las afinidades electivas de Johann Wolfgang Goethe, que aplicó la teoría de afinidades químicas a dos parejas cuya reunión casual provoca una "doble descomposición" y una nueva "combinación" amorosa.

Los nuevos públicos de la química generaron también una creciente demanda de obras de química, transformando algunas en éxitos comerciales. El caso más conocido es el del manual de química del farmacéutico Nicolas Lémery que, según un comentarista de la época, "se vendió como una obra de galantería o de sátira". La demanda de este tipo de obras, muchas veces asociada con la aparición de nuevos cursos de química, aumentó en el último tercio del siglo XVIII en España.

La nueva terminología suponía problemas para la incipiente entrada de la química en la esfera pública La mayor parte de las obras fueron traducciones a partir del francés, incluyendo algunas escritas originalmente en otros idiomas. La labor creativa de los traductores para adaptar las obras fue muy amplia y variada. Entre otras cuestiones tuvieron que afrontar la reforma de la terminología química que supuso la introducción de muchos de los nombres que actualmente resultan familiares (oxígeno, hidrógeno, óxido carbónico, sulfato de sodio, etc.) y el abandono progresivo, aunque nunca completo, del rico acerbo terminológico heredado de la alquimia, la minería o la farmacia (azafrán de Marte, espíritu de antimonio, tártaro emético, etc.). La reforma fue generalmente aceptada en España pero la adaptación de las expresiones francesas dio lugar a controversias. También aparecieron escritos críticos como el realizado por el cirujano Juan Manuel de Aréjula que llegó a cuestionar, con argumentos razonables, la voz "oxígeno" propuesta por Antoine Lavoisier.

Nueva terminología

Las nuevas cátedras prueban el interés despertado en el terreno de la medicina por los nuevos conocimientos químicosAunque actualmente nos resulte familiar, la nueva terminología suponía problemas para la incipiente entrada de la química en la esfera pública, así como para el mantenimiento de su tradicional vinculación con la farmacia o la industria. Fue necesario repensar estas relaciones para crear nuevos discursos acordes con las tendencias de la época. Las novedades supusieron un reto especial para los organizadores de los cursos de química de las Sociedades Económicas de Amigos del País porque, además de entretenimiento, perseguían una finalidad utilitaria muy característica de la época: el fomento de la educación pública para aprovechar las ventajas que la química presentaba para la agricultura y la industria. Muchas de estas supuestas aplicaciones eran, más bien, promesas de futuro, pero propiciaron la publicación de obras de "química aplicada a las artes", dirigidas a fortalecer los vínculos entre química e industria, destacando las oportunidades ofrecidas por los nuevos conocimientos y afrontando los nuevos retos, que no se limitaban al problema de la terminología. Una obra pionera en este género fue publicada en castellano por dos "pensionados" en París entre 1804 y 1805: José María de San Cristóbal y Josep Garriga i Buach. Estos dos químicos eran miembros del largo grupo de viajeros que circularon por Europa con fines variopintos, tales como la mejora de sus conocimientos científicos, el establecimiento de redes de contactos académicos, la compra de instrumentos o la realización de misiones de espionaje industrial o, incluso, político. Lo habitual fue una combinación de algunos de estos objetivos. Muchos de estos viajeros volvieron a España, realizaron importantes publicaciones y traducciones y se incorporaron a instituciones de enseñanza o participaron como expertos en misiones de desarrollo de la industria o la minería impulsadas por los gobiernos ilustrados. Al igual que ocurrió en la Francia revolucionaria y napoleónica, estos químicos fueron reclutados para desarrollar tareas políticas del más alto nivel, un compromiso no exento de riesgos en los turbulentos inicios del siglo XIX, tal y como prueba el alto número de represaliados y exiliados.

Explicación de los más comunes caracteres químicos

Imagen 2.- Explicación de los más comunes caracteres químicos según la traducción castellana del popular libro de texto de Nicolas Lémery, Curso Chimico, Madrid: Manuel Román, 1721. La reforma terminológica de finales del siglo XVIII es la causa de que estos términos resulten actualmente extraños pero son una prueba de la existencia de una disciplina química consolidada muchas décadas antes de la obra de Antoine Lavoisier.

Además de la circulación constante de individuos, que cruzaron frecuentemente fronteras nacionales y disciplinares, la química del siglo XVIII se caracterizó por un movimiento de objetos, materiales y prácticas entre espacios tan diversos como las nuevas academias, las universidades, las cortes reales, los salones ilustrados, las boticas farmacéuticas, los talleres artesanos y las nuevas manufacturas, particularmente las relacionadas con el vidrio, la cerámica, la metalurgia, la producción textil y la industria militar. Esta circulación fue alentada por fuertes similitudes en la cultura material.

Muchos de los materiales empleados en el laboratorio químico como, por ejemplo, los destilados (alcoholes y éteres), la barrilla, el espíritu de vitriolo y las materias tintóreas, eran también productos comerciales que se vendían y usaban en perfumerías, boticas o tintorerías. También en este terreno la nueva nomenclatura suponía problemas porque fue diseñada para designar sustancias químicamente puras, y no para este tipo de productos que eran, por lo general, mezclas complejas de varios compuestos. En el caso de España, la diversidad de contextos locales permite estudiar esta circulación de objetos, conocimientos y prácticas experimentales en una gran variedad de situaciones, incluyendo áreas con fuerte industria textil (Barcelona o Valencia), con industria metalúrgica (País Vasco), con producción minera (Almadén) o con academias de artillería interesadas en la fabricación de salitre y pólvora (Segovia). Todos estos casos se pueden contrastar con la situación en Madrid, donde la presencia de la corte impulsó el establecimiento de laboratorios reales e instituciones de enseñanza de la medicina, la cirugía y la farmacia, dentro las cuales se crearon numerosas cátedras de química.


Medicina química

Las nuevas cátedras prueban el interés despertado en el terreno de la medicina por los nuevos conocimientos químicos, lo que también se refleja en los trabajos de autores como Ignacio María Ruiz de Luzuriaga acerca de la respiración y las fuentes del calor animal, Juan Manuel de Aréjula sobre la clasificación y usos terapéuticos de los nuevos gases, o Francesc Carbonell i Bravo sobre las aplicaciones de la nueva química en farmacia. Este último llegó a escribir una memoria sobre "el uso y abuso de la química en la medicina", donde repasaba la variedad de aplicaciones de la química en la fisiología (el estudio de la respiración y la digestión), la anatomía (la preservación de cadáveres para su estudio anatómico y el análisis químico del cuerpo humano), la terapéutica (el conocimiento de la composición de los productos medicinales y el hallazgo de otros nuevos), y la higiene (los análisis de la calidad del aire y los polémicos usos de las fumigaciones con gases y ácidos para eliminar los miasmas pútridos). Carbonell se mostraba muy crítico, sin embargo, con las recientes incursiones de la química en el terreno de la patología general y la nosología. Aunque no exento de polémica, el interés médico de la nueva química fue defendido en las múltiples traducciones de las obras de Antoine Fourcroy, incluyendo su revista Diario de los nuevos descubrimientos de todas las ciencias físicas que tienen alguna relación con las diferentes partes del arte de curar, cuyos primeros volúmenes aparecieron en castellano entre 1792 y 1793.

Lámina de la traducción castellana del Tratado elemental de química

Imagen 3. - Lámina de la traducción castellana del Tratado elemental de química (Madrid, 1798) de Antoine Lavoisier donde aparece representado el calorímetro, uno de los nuevos instrumentos que entraron en el laboratorio químico a finales del siglo XVIII.

La pluralidad de situaciones en las que se acomodaron los nuevos conocimientos químicos explica sus diversos significados y el variado espectro de reacciones que produjeron. Como hemos señalado, las diversas culturas de la química del siglo XVIII fueron permeables al tránsito de ideas, prácticas, objetos, materiales y personajes. Muchos protagonistas de finales del siglo XVIII se movieron con facilidad entre más de uno de los escenarios que hemos descrito. Por ejemplo, Pedro Gutiérrez Bueno pudo ejercer tanto como demostrador de química en laboratorios reales como de experto para la mejora de manufacturas de vidrio y tintes, así como de catedrático en colegios de cirugía y de farmacia, mientras que desarrollaba su actividad privada como regente de una botica farmacéutica y director de numerosas industrias químicas en los alrededores de Madrid. También realizó numerosos análisis de productos terapéuticos y aguas minerales, y empleó las nuevas técnicas "eudiométricas" para investigar la calidad del aire de las cárceles de Madrid, un estudio que fue promovido por una asociación de mujeres dirigida por la condesa de Casasola. Del mismo modo, Louis Joseph Proust, farmacéutico de origen francés, habitualmente citado como autor de una de las leyes ponderales de la química, fue contratado inicialmente en la cátedra de química de Sociedad Patriótica de Bergara para pasar más adelante a ocuparse de una cátedra de química en la Escuela de Artillería de Segovia y, finalmente, asumió la dirección del Laboratorio Real de Madrid, desde donde realizó numerosos informes y comisiones para el gobierno de Carlos IV. Otros muchos ejemplos de la gran diversidad de actividades asociadas con la química en esos años lo ofrecen las biografías de Domingo García Fernández (un farmacéutico que realizó innumerables trabajos de química aplicada a la industria y fue director de las fábricas de salitre y pólvora); Higinio Antonio Lorente (médico y traductor de obras francesas de química); Francesc Carbonell i Bravo (médico, farmacéutico y profesor de química industrial en la Junta de Comercio de Barcelona), o Francisco Angulo (que dejó su puesto como director de minas del Reino para convertirse en ministro de Hacienda del gobierno de José I).

El año internacional de la química 2011 es una nueva oportunidad para que estas investigaciones salgan de los círculos especializados y lleguen a un público amplio Existen numerosas otras cuestiones tratadas por las investigaciones históricas sobre la química del siglo XVIII que no podemos resumir en este breve trabajo: las relaciones entre ciencia y género (dado el especial papel de las mujeres en la ciencia ilustrada), las controversias científicas y la credibilidad de los expertos, la introducción de nuevos instrumentos en la práctica experimental (el calorímetro, el areómetro, el eudiómetro, etc.) y las cambiantes relaciones entre las disciplinas científicas, por ejemplo, entre la química y la física experimental. El año internacional de la química 2011 es una nueva oportunidad para que estas investigaciones salgan de los círculos especializados y lleguen a un público amplio, con el fin de abandonar algunas de la imágenes que hemos mencionado al principio de este trabajo, las cuales tienen poco que aportar a la reflexión sobre la química actual y su percepción social.

 

Bibliografía

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Páginas de Internet

Se pueden encontrar numerosas fuentes digitalizadas, imágenes, biografías y una revisión más amplia de los estudios en la página http://www.uv.es/bertomeu/revquim


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