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Brude, Jennings (Ed. in Chief) (2014). Bioethics (4ª ed.; 6 vols.). New York: Macmillan Reference USA
Diego Gracia
Presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud



La Encyclopedia of Bioethics apareció por vez primera el año 1978, bajo la dirección de Warren Reich. Constaba de cuatro gruesos volúmenes. La segunda edición, también bajo la dirección de Reich, vio la luz siete años después, en 1995, en cinco volúmenes, y la tercera, aparecida en 2003, de nuevo cinco volúmenes, estuvo a cargo de quien había colaborado con Reich en la preparación de la anterior, Stephen G. Post. La que ahora presentamos es la cuarta, en seis volúmenes y 3500 páginas, dirigida por Bruce Jennings.

Al ver la luz en 1978, la Encyclopedia of Bioethics fue saludada como uno de los grandes hitos fundacionales de la naciente bioética. De hecho, fue elaborada con el esfuerzo colaborativo de todos, o al menos de la mayoría de las personas que en aquellos primeros años se hallaban trabajando en ese dominio. Los retornos de tal esfuerzo fueron muchos.




La Enciclopedia jugó un papel muy importante no sólo en la institucionalización de la disciplina, sino incluso en la consolidación del propio término de “bioética” en la cultura norteamericana y occidental. De hecho, los participantes en esa obra conforman el elenco prácticamente completo de los bioeticistas pertenecientes a lo que en más de una ocasión he denominado la “primera generación”. Esta obra es, por ello mismo, la que mejor representa y expone el pensamiento de esa primera generación. Quedará como un hito en la historia de la disciplina.

Pero el tiempo histórico parece sufrir un proceso de aceleración creciente, motivo por el que obras que en otro tiempo parecían llamadas a durar siglos necesitan ahora de revisión en lapsos de tiempo no superiores a la década. Es algo que hoy les sucede a todas las llamadas “obras de referencia” u “obras de consulta”. Tal es el caso de los diccionarios, las enciclopedias y los grandes manuales o tratados. En el siglo XIX los médicos franceses publicaron varios Diccionarios médicos, algunos en más de cuarenta volúmenes, con la pretensión de que fueran útiles a lo largo de un siglo. El Dictionnaire encyclopédique des sciences médicales dirigido por M.A. Dechambre constaba de 100 volúmenes, y su publicación costó veinticinco años, entre 1864 y 1889. Aún en la primera mitad del siglo XX, vieron la luz en Alemania imponentes Handbücher o manuales, en los que el término manual resultaba casi irónico, dadas sus dimensiones. El Handbuch der Geisteskrankheiten, que dirigió Bumke entre 1928 y 1930, constaba de once gruesos volúmenes. En España, eso es lo que quiso representar el gran Tratado de Patología y Clínica Médicas, dirigido por Agustín Pedro Pons y editado en seis volúmenes entre los años 1950 y 1958.
 
En la segunda mitad del siglo XX comenzó a imponerse un estilo distinto. Era necesario hacer tratados más concisos y que se pudieran renovar y actualizar cada poco tiempo. Los tratados de Medicina interna más conocidos entre nosotros, el Harrison y el Ferreras-Rozman, ven la luz con una periodicidad de unos cuatro años. Es imposible, además de inútil, querer fijar el conocimiento científico, habida cuenta de su imparable dinamismo interno. No es la ciencia la que tiene que ajustarse a nuestros esquemas, sino nosotros a sus características.
 
Esto exige un esfuerzo continuado de actualización. Tan grande es, que surge la pregunta de si no será más razonable abandonar estas grandes empresas, las de las Enciclopedias y Tratados, y concentrar las fuerzas en estructuras de comunicación mucho más dinámicas, como es el caso de las revistas científicas. La experiencia demuestra, sin embargo, que ambos vehículos son imprescindibles, y que además resultan complementarios. Tiene que haber exposiciones sistemáticas y omniabarcantes, y también vehículos de menor volumen que permitan actualizar los conocimientos.
 
Enciclopedias y Tratados constituyen hoy un género literario conocido con el nombre de “libros de referencia”. Más que en los domicilios particulares, han de figurar en las bibliotecas de las grandes instituciones, Universidades, Hospitales, Centros de investigación. Y hoy resulta imprescindible que se hallen disponibles tanto en versión impresa como digital, a la que pueda llegarse a través de internet, a fin de que resulten ampliamente accesibles, y además en tiempos muy breves. Así lo entiende la entidad editora de esta obra, Macmillan Reference USA, una de las editoriales más prestigiosas en el área de las obras de referencia.
 
Pues bien, eso es lo que está sucediendo con la Encyclopedia of Bioethics, que en esta cuarta edición ha cambiado su nombre por el de Bioethics, a secas. Han aparecido cuatro ediciones en algo menos de cuarenta años, lo que viene a significar que en el mundo cambiante de la bioética, las novedades son tantas y tan rápidas que se requiere refundir el contenido de las grandes obras de referencia con una periodicidad no superior a los diez años. El que haya resultado preciso modificar hasta el título, da una idea de la novedad de esta cuarta edición con respecto a las tres anteriores.
 
De las 569 entradas de que consta la Enciclopedia, 221 han sido escritas de nuevo o modificadas en su contenido. De ellas, 108 son entradas no incluidas en las ediciones precedentes, y las restantes son reelaboraciones de entradas previas. Además de esto, la Enciclopedia ofrece, como en ediciones anteriores, amplios Apéndices con: 1. Artículos sobre historia, tanto de la medicina como de la ética y de la asistencia sanitaria; 2. Códigos, juramentos y directivas; 3. Recursos adicionales sobre bioética: revistas, blogs, organizaciones gubernamentales y profesionales, bibliotecas nacionales, comités nacionales de ética; 4. Casos judiciales relevantes; y 5. Bibliografía anotada sobre artículos, memorias, estudio de casos, novelas, obras de teatro, relatos breves, antologías literarias, estudios sobre películas, literatura crítica, filmografía, documentales y películas. El libro se completa con un amplísimo índice de conceptos y personas.
 
Es de sobra conocido que la bioética comenzó siendo un producto norteamericano. De hecho, los miembros más destacados de la “primera generación” de bioeticistas, los llamados the founding fathers, nacieron y trabajaron en los Estados Unidos. Eso explica que en la primera edición de la Enciclopedia el elenco de personas de otras partes del mundo fuera muy reducido. De España, concretamente, no hubo más que un colaborador, Pedro Laín Entralgo, autor de la entrada Therapeutic Relationships: I. History of the Relationship. En la segunda edición apareció de nuevo el texto de Laín, ahora como: Professional-Patient Relationship: I. Historial Perspectives. De Hispanoamérica, en la primera edición no había más que una entrada, escrita por el venezolano Augusto León: Medical Ethics, History of: Latin America in the Twentieth Century. En la siguiente edición aparecieron dos nombres españoles más, y el argentino José Alberto Mainetti sustituyó a Augusto León.
 
La presencia española e hispanoamericana en esta cuarta edición no ha variado respecto a las dos ediciones anteriores. La única novedad es que el texto de Laín Entralgo ha pasado a formar parte del apéndice que lleva por título Historical Perspectives on Medicine, Ethics, and Health Care. Lejos de suponer una merma de estima, esto significa exactamente lo contrario, ya que a ese apéndice no han pasado más que trabajos que se consideran clásicos y merecen un lugar muy destacado.
 
¿Valoración global de la obra? Sin duda positiva, pero con una salvedad muy importante. Dije al principio que la primera Encyclopedia of Bioethics fue algo así como la presentación pública de la bioética norteamericana como movimiento. Hoy las cosas han cambiado mucho. De ser un producto casi exclusivamente norteamericano, la bioética ha pasado a ser un fenómeno universal, global, que ya no tiene excesivamente que ver con lo que los miembros de aquella primera generación pensaron e hicieron, por más que la producción de la bioética norteamericana siga siendo muy importante; sin duda, la más importante. Pues bien, la Enciclopedia ha sabido poner a punto y dar cuenta de la evolución y los avances de la bioética en el interior de los Estados Unidos, pero no ha sido capaz de dar el debido espacio a las otras partes del mundo. Los editores, y más en concreto el de esta cuarta edición, Bruce Jennings, ha sido excesivamente conservador, limitándose en la mayor parte de los casos a pedir a los autores de las anteriores ediciones que pusieran al día sus propios textos. Personalmente creo que es un error. No hay duda de que rehacer el camino de nuevo, desde sus orígenes, levantando la Enciclopedia de nueva planta, es un esfuerzo enorme, probablemente muy superior al llevado a cabo en los años setenta. Pero eso es lo que exige una Enciclopedia que pretende tomar el pulso a un movimiento tan dinámico y creativo como el de la bioética. Es tarea pendiente, bien para la quinta edición, bien para una Enciclopedia alternativa. El tiempo dirá.





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