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Siurana, Juan Carlos (2015). Ética del humor. Fundamentos y aplicaciones de una nueva teoría ética. Madrid: Plaza y Valdés
Jesús Conill
Catedrático de Ética. Universidad de Valencia


Muchos son los aspectos destacables del libro de Juan Carlos Siurana, tanto por su novedad y originalidad como, en algunos momentos, por su atrevimiento. Pero lo más importante es, sin duda, que nos propone una nueva teoría ética, basada en el estudio del fenómeno del humor. Con su teoría, que toma al humor como punto “arquimédico”, pretende ofrecernos una mejor comprensión de nosotros mismos como sujetos morales, descubrir las razones de nuestros actos morales, e incluso que sirva para orientar a los individuos y a las organizaciones cuando toman sus decisiones en la vida cotidiana. Se trata, por tanto, de una teoría ética y, a la vez, de una ética aplicada. Y en la medida en que el autor la aplica de manera muy especial al ámbito sanitario, de gran interés para la bioética.

Esta propuesta de una nueva teoría ética hay que entenderla en el marco de sus trabajos anteriores, en los que había intentado lograr una “brújula para la vida moral”[1], con la que guiarse para integrar las aportaciones de los grandes filósofos de la historia de la ética, de la ética contemporánea (especialmente la ética del discurso de Karl-Otto Apel), y de las éticas aplicadas (especialmente la bioética)[2], con el propósito de construir una sociedad con una mayor calidad ética[3]. Con este bagaje el autor intenta ahora ampliar el estudio del universo moral en su nuevo libro sobre “ética del humor”.



Para empezar a construir su teoría, lo primero que nos aporta es su propia definición del humor. Tarea nada fácil. Los humoristas, que son quienes más lo practican, suelen huir de las definiciones que traten de encorsetarlo. Así, para Jardiel Poncela, pretender definir el humor es como intentar atravesar las alas de una mariposa con un poste de teléfono. Pero Juan Carlos Siurana es un filósofo, al que le gusta intentar definir los conceptos que maneja, a pesar de las dificultades. Y en su libro se siente obligado a proponer desde el comienzo una definición, que orienta todo su ulterior trabajo, que es la siguiente: “el humor es la capacidad para percibir algo como gracioso, lo cual activa la emoción de la hilaridad, que se expresa a través de la sonrisa o la risa” (p. 19).
 
Llamar “hilaridad” a esa emoción es una limitación de nuestro lenguaje, que el autor dice haber tenido que asumir, dado que la palabra que se utiliza en inglés para expresar esa emoción es “mirth”, y al parecer en ella se recogen también otros matices. En definitiva, el humor es la capacidad cognitiva de captar lo gracioso, y podemos saber si lo gracioso ha sido captado por el humor, porque se genera una emoción (a la que se llama hilaridad) que se expresa exteriormente a través de la sonrisa (si la emoción es de baja intensidad) o a través de la risa (si es de gran intensidad).
 
La posibilidad de captar algo como gracioso puede variar en un mismo individuo por diversos factores: por el contexto social en el que se encuentre, el estado de ánimo, el estado de salud, el grado de cansancio o, incluso, dependiendo de si se ha ingerido alcohol o drogas psicoactivas. Pero una de las tesis novedosas de Siurana en su libro es que algo nos puede parecer gracioso, o no, dependiendo de nuestra educación ética. La ética del humor tendrá, entonces, entre sus cometidos, el de enseñarnos a reír en el momento oportuno, en el grado correcto y por los motivos justificados.
 
Esta tesis de la educación ética del humor presupone que somos libres de reír. De este modo Siurana se enfrenta a los autores que rechazan la relevancia ética del humor al considerarlo involuntario, por surgir de manera espontánea ante lo percibido como gracioso. Según Siurana, sólo desde un punto de vista muy superficial, cabe entender la sonrisa y la risa como involuntarias, pues normalmente no podemos evitar reír de lo que nos hace gracia; pero, en un sentido más profundo, son voluntarias, puesto que son el reflejo de nuestro carácter, el que vamos construyendo día a día y que es educable. Por ejemplo, no es lo mismo reír con ocasión de un chiste racista que de un chiste que critica las injusticias de la sociedad, pues ¿por qué –y de qué– nos reímos?
 
Tras definir el humor y exponer las bases evolutivas de esta peculiar capacidad humana, el autor presenta asimismo, a continuación, la situación actual de la reflexión sobre este tema y, en el capítulo 4, las teorías clásicas sobre el humor de las que extrae sus implicaciones éticas. Nos recuerda que las tres principales teorías son las siguientes:
 
Teoría de la superioridad. Según esta teoría, reímos porque vemos que el otro fracasa en una situación en la que nosotros habríamos tenido éxito. Son sus representantes, por ejemplo, Platón y Thomas Hobbes.
 
Teoría de la incongruencia. Reímos porque se produce un cambio inesperado e incongruente que nos sorprende de manera repentina. La han defendido autores como Immanuel Kant y Søren Kierkegaard.
 
Teoría de la liberación de la tensión. Esta teoría entiende que la risa proporciona un alivio para la tensión nerviosa o psíquica, asegurando un restablecimiento del equilibrio. Ha sido propuesta por Sigmund Freud.
 
Estas teorías clásicas se esfuerzan por encontrar las causas de nuestra percepción de lo gracioso, pero Siurana no intenta proponer una nueva teoría general sobre el humor, sino una teoría ética, basada en el humor. A su juicio, el humor se convierte en fundamento de una nueva teoría ética, porque esa capacidad de captar lo gracioso contiene una racionalidad específica que no habría sido estudiada hasta ahora de modo sistemático por la filosofía. Siurana dedica una parte importante de su libro a desentrañar las claves de esa peculiar racionalidad que contiene el humor y defiende que tiene dos dimensiones: una biológica y otra lingüística.
 
La racionalidad biológica explicaría la existencia del humor en el ser humano por su poder sanador. El humor es, en ese sentido, racional, porque contribuye a la finalidad de la salud y a la supervivencia en condiciones confortables, algo que Siurana defiende basándose en multitud de estudios empíricos.
 
La racionalidad lingüística es una racionalidad ético-discursiva, corriente filosófica que Siurana conoce muy bien. Pero, en este contexto, sería una racionalidad ético-discursiva peculiar, que no ha sido estudiada ni considerada hasta ahora por la ética del discurso. Por eso el autor la llama, de manera específica, “racionalidad ético-discursiva de la ética del humor”. Su principal diferencia con respecto a la propia de la ética del discurso es que, en el discurso humorístico, las pretensiones de validez no se encuentran en el discurso expresado, sino en el llamado “guión oculto”, es decir, en lo que no se dice cuando se habla. El discurso del humorista se compone de un sinfín de “falsedades”, incorrecciones normativas y afirmaciones en las que no se cree, y, en muchos casos, también, de frases intencionadamente ininteligibles. La clave discursivamente racional del mensaje se encuentra en el guión oculto. Ese guión oculto es captado por los receptores, quienes, en su caso, expresan su acuerdo con el humorista mediante la risa. Dicho acuerdo no es un consenso tras un diálogo en condiciones de igualdad, sino que se expresa de modo inmediato mediante la risa.
 
En suma, podría decirse, con Siurana, que quien se ríe expresa su acuerdo con el guión oculto del emisor. Lo curioso es que ese guión oculto está repleto de ideas sobre el bien y el mal, sobre lo justo y lo injusto. Así pues, nuestra risa refleja finalmente nuestro carácter moral, nuestra idea del bien. Si alguien se ríe con ocasión de un chiste racista o sexista, estaría reflejando sus valores morales. Además, como la risa es inmediata, es más difícil evitar reír cuando uno es racista o sexista, que disfrazarse en un diálogo argumentativo, donde tiene tiempo de fingir que cree en lo que no cree. Así pues, el estudio de la risa sería un instrumento muy rápido para acceder al mundo moral de los seres humanos.       
 
Además del innovador análisis que hace Siurana de la dimensión ético-discursiva del humor, hay que destacar el acrecentado peso que tiene la perspectiva biológica en su teoría. El autor lo justifica afirmando que nos encontramos en un nuevo paradigma de la filosofía: el paradigma de la biología. A su juicio, la filosofía ha pasado por tres grandes paradigmas: los del ser, la conciencia y el lenguaje, pero actualmente nos encontramos en un nuevo paradigma, al que denomina “el paradigma de la biología”. Pues defiende que lo que caracteriza a las concepciones filosóficas actuales es el lugar central que ocupan en ellas las ciencias biológicas y de la salud. Algunos campos en los que se expresaría de manera clara este nuevo paradigma, dentro del ámbito de la ética, son los siguientes: la bioética, la ética ecológica, la neuroética, la nanoética, la ética del mejoramiento humano, etc. Según Siurana, los nuevos avances tecnológicos en las ciencias biológicas parecen estar marcando los temas y la orientación que debe guiar a la reflexión filosófica en general y a la reflexión ética en particular.
 
De ahí que el estudio de la racionalidad lingüística del humor tenga que  complementarse con la investigación biológica del humor. A esta vertiente se dedica tanto el capítulo 1, que trata de las bases biológicas del fenómeno del humor desde el punto de vista de la evolución, como el capítulo 12, que presenta un gran número de estudios neurocientíficos, que han analizado los fenómenos que ocurren en el cerebro humano durante la risa y, a partir de sus resultados, diseña una “neuroética del humor”. En ella se sacan diversas conclusiones de los estudios con neuroimágenes, mostrando cómo algunas lesiones en el cerebro nos llevan a no captar el humor adecuadamente, o a tener un humor dañino socialmente, etc. Necesitamos comprender cómo funciona el cerebro, para comprender mejor por qué reímos de lo que reímos. Ahora bien, a pesar de las tendencias deterministas entre los autores que analizan nuestras bases biológicas, Siurana defiende que la risa expresa libertad y afirma su universalidad, pues todos los seres humanos ríen y en todas las formas de risa podemos encontrar una racionalidad común. De tal manera que el estudio del humor le permite proponer una ética intercultural, válida para todos los seres humanos.
 
La construcción de la teoría que nos ofrece este libro cuenta con muchas propuestas de los grandes filósofos de la historia, desde Platón hasta Nietzsche, y especialmente de los autores de los inicios del siglo XX, como Bergson, Freud, Pirandello y Høffding, y entra en debate con autores contemporáneos, principalmente con Francis H. Buckley en su libro The Morality of Laughter, y con John Morreall en su libro Comic Relief. A comprehensive Philosophy of Humor. Pero aportando desde su novedoso enfoque ético la posibilidad de distinguir un humor ético y un humor que no lo es, un humor justo y otro que no lo es. El buen humor sería el que sigue la racionalidad propia del humor, tal como se ha caracterizado desde la perspectiva lingüística y la biológica, mientras que el mal humor sería irracional lingüística y biológicamente.
 
La teoría ética que propone Siurana, no sólo ofrece una comprensión de la racionalidad propia del humor, sino que también presenta un método filosófico propio. Se trata de un método que debe desarrollarse en conexión con los profesionales de las ciencias de la salud y las ciencias biológicas, es decir, de un método médico-filosófico, al que denomina “método clínico-ético”. Dice llamarlo así, porque consiste en mostrar cómo desde el conocimiento de la racionalidad propia del humor podemos contribuir a mejorar la salud de las personas. Se trata, al parecer, de un nuevo método filosófico con capacidad sanadora, por cuanto une el método clínico de la medicina con los métodos propios de la filosofía. Del mismo modo que, en el ámbito de la ética empresarial, se ha defendido que la ética es rentable, aquí se sostiene que la ética también es terapéutica. Esta afirmación es nuclear en el libro: la ética es saludable. Y Siurana caracteriza el nuevo método filosófico, que hace posible su nueva teoría, es decir, el método clínico-ético, del siguiente modo: “El método clínico-ético es el proceso o secuencia ordenada de acciones que los médicos y otros profesionales de la salud y las ciencias biológicas, trabajando conjuntamente con los filósofos, han de desarrollar, partiendo del conocimiento existente en sus diversas áreas, para estudiar y comprender cómo se relaciona la dimensión moral de las personas con su estado de salud” (p. 128).
 
Al tratarse de una teoría ética, la ética del humor puede aplicarse también a todas las esferas de la vida y a muchos casos concretos. Siurana dedica varios capítulos de su libro a mostrar cómo se aplica esta teoría ética a la sanidad, la empresa, y la educación. Cabe destacar aquí algunas ideas sobre su aplicación en el ámbito sanitario, empezando por recordar algunos de los beneficios de la risa para la salud: provoca sentimientos de control en situaciones de ansiedad, tranquiliza en el preoperatorio y reduce el tiempo de recuperación, estimula el sistema inmunitario y combate el estrés, estimula la secreción de endorfinas, que tienen efecto analgésico, etc. A causa de dichos efectos positivos se ha desarrollado la risoterapia como nueva terapia para ayudar a los pacientes a mejorar su salud provocando grandes carcajadas.
 
Sin embargo, Siurana insiste en que no debe olvidarse que no toda risa es sana. Algunas formas de risa son dañinas para uno mismo y para los demás: se trata de la risa autodenigrante y la risa que agrede a otras personas. Por eso hay que preguntarse si nos damos cuenta de qué tipo de risa utilizamos habitualmente, a lo cual quiere contribuir este libro ayudándonos a distinguir entre el humor sano y el insano.
 
La necesidad de distinguir entre el humor bueno y el malo surgió cuando aparecieron los primeros estudios que mostraban consecuencias negativas del humor. Carver, Scheier y Weintraub realizaron un estudio en 1989 para evaluar las consecuencias del humor de 528 médicos y enfermeros de veinte hospitales del norte de Italia, quienes, por un lado, completaron mediciones de su cantidad de humor y, por otro lado, mediciones de ansiedad, depresión y desgaste emocional.
 
De forma sorprendente, el análisis de los datos reveló que niveles superiores de humor utilizado para afrontar la situación estaban asociados con mayor agotamiento emocional y sentimientos de despersonalización. ¿Por qué su humor tenía esas consecuencias negativas? No era fácil saberlo, porque ese estudio medía solamente la cantidad de humor, pero no el tipo de humor empleado. Para tratar de responder a esa pregunta, Joan Sayre realizó en 2001 una investigación sobre el uso del humor por parte del personal de una unidad psiquiátrica, estableciendo dos categorías: 1ª) Un tipo “divertido” bastante benévolo (ocurrencias incongruentes, humor sobre uno mismo); 2ª) otro tipo “sarcástico” más agresivo (humor de menosprecio, malicioso). El humor sarcástico era más común que el humor divertido entre el personal, y la mayoría del humor se dedicaba a burlarse del comportamiento de los pacientes, fuera del alcance de éstos. La autora de la investigación sugirió que las formas más agresivas podrían tener consecuencias terapéuticas perjudiciales, además de ser moralmente incorrectas.
 
Bajo el influjo de este tipo de estudios, Siurana considera muy importante dotarse en España de instrumentos que midan adecuadamente los estilos de humor, tanto del personal sanitario como de los pacientes. Y defiende que el estilo de humor no es algo fijo en nosotros para siempre, sino que lo podemos cambiar mediante la educación correcta, de tal manera que, si educamos en el humor correcto, estaremos poniendo las bases para formar ciudadanos más sanos en el presente y en el futuro.
 
El libro contiene muchas otras aportaciones: apunta aplicaciones relativas al uso del humor por profesionales de la política, al análisis que hacen de él los sociólogos, y a la valoración de los chistes sobre profesiones, como por ejemplo, los chistes sobre abogados en Estados Unidos, y de todo ello extrae reflexiones éticas; muestra cómo los trabajos sobre psicología positiva son concordantes con su línea de investigación, y toma posición respecto a la risoterapia; presenta los instrumentos de medición de humor y pone de relieve que hay instrumentos más acertados que otros para medir la dimensión ética del humor y, con ello, el carácter moral de quien ríe; dedica un capítulo a pensar sobre el humor en la vida cotidiana, la familia y la pareja; reflexiona sobre los límites del humor y su relación con la ofensa, prestando atención al conflicto generado por las viñetas danesas y defendiendo un humor respetuoso con las creencias religiosas.
 
Y es un libro realmente interdisciplinar: de interés para filósofos, médicos, enfermeros, directivos de empresas, profesores, políticos, psicólogos y periodistas, entre otros. Su lectura se hace amena por los continuos ejemplos cómicos, que provocan (¿inevitablemente?) la sonrisa del lector, quien seguro que acabará conociéndose algo más a sí mismo desde un punto de vista moral y aprenderá también un poco más sobre el impacto moral que tiene su risa en otros.
 
Para acabar, quisiera tan sólo añadir una reflexión sobre la propuesta filosófica fundamental que encontramos en este libro de Juan Carlos Siurana. La ética del humor que propone dice situarse dentro de un paradigma biológico, en virtud del cual se defiende que “nuestra biología contiene una racionalidad”, que denomina “racionalidad biológica” y “cuya finalidad básica (…) es la salud y la supervivencia en condiciones confortables” y “el humor es uno de los medios a través de los cuales s expresa esa racionalidad biológica”. Lo que no está claro es que de ahí puedan surgir la normatividad y los criterios morales, por los que pueda hablarse de “argumentos que nos convencen” y de “convicciones morales buenas”. ¿De verdad se puede afirmar, sin más, que “la misma racionalidad biológica que aspira a la salud y a la supervivencia en condiciones confortables nos transmite también exigencias de comportamiento ético”, que vayan más allá de las necesidades biológicas? ¿Dónde se encuentra la conexión entre la racionalidad biológica y la racionalidad lingüística (ético-discursiva)? Pues tal como han quedado expuestas en el libro no muestran su vinculación intrínseca, sino meramente una mera yuxtaposición. A mi juicio, el humor como capacidad humana requiere proseguir el estudio hasta descubrir, también en este caso, la unión originaria entre la perspectiva biológica y la cultural-discursiva, así como la fuente de la normatividad y de las valoraciones morales que se emplean en la propuesta de una “ética del humor”.
 
 



Notas



[1]
Siurana, Juan Carlos (2003). Una brújula para la vida moral. Granada: Comares.
[2]
Siurana, Juan Carlos (2005). Voluntades anticipadas. Madrid: Trotta.
[3]
Siurana, Juan Carlos (2009). La sociedad ética. Barcelona: Proteus.

 
 







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