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Wyndham, John (1951). The Day of Triffids. London: Editorial Michael Joseph
Primera traducción al español: Ediciones Minotauro, Argentina. Al catalán: Edicions 62
Francesc Borrell i Carrió
Sant Pere de Ribes, Barcelona

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Los escritores de ciencia ficción tienen la posibilidad de crear o expandir intuiciones, miedos o esperanzas que apenas afloran entre sus coetáneos. Asimov nos mostró los paisajes de galaxias habitadas por todo tipo de seres inteligentes, y cada cuento o novela era un ingenioso interrogante sobre los límites de lo conocido en su época.  Aldous Huxley en “The Brave New World” (traducido como “Un mundo feliz”)(1), traza los perfiles de una sociedad que logra la satisfacción de sus necesidades básicas a costa de sus necesidades espirituales.  Sorprende de este libro que fuera escrito en 1931, y cómo anticipaba la reproducción asistida, la manipulación genética, o los condicionamientos psicológicos… Cuando Huxley leyó “1984” de Orwell escribió:  Within the next generation I believe that the world's leaders will discover that infant conditioning and narco-hypnosis are more efficient, as instruments of government, than clubs and prisons, and that the lust for power can be just as completely satisfied by suggesting people into loving their servitude as by flogging them and kicking them into obedience(2).



Veinte años más tarde y una Guerra Mundial de por medio, surge esta no menos perturbadora novela, “El día de los trífidos”.   John Wyndham, 10 años mas joven que Huxley, participó en el desembarco de Normandía (Huxley fue rechazado por ambliope). El tema central de sus novelas de ficción será precisamente la invasión del mundo civilizado por especies biológicas más adaptadas pero inhumanas. En el caso que nos ocupa, la historia se inicia una noche en que un cometa ilumina con extrañas luces verdes nuestro planeta. Al día siguiente, todos los habitantes que contemplaron el espectáculo se despiertan ciegos. Solo se libran de la plaga aquellos que por diversas razones (operaciones quirúrgicas, borracheras, reclusos...), no vieron el fenómeno.  Literalmente de la noche a la mañana todo cambia de valor, valor de uso de las cosas como valores morales.  ¿De qué le sirve un coche a un ciego? Pero lo más interesante de la obra: ¿con qué normas morales deben regirse los pocos habitantes que conservan la vista?

 Surgen cuatro opciones: la más beneficiente y acorde con los estándares actuales, organiza patrullas de ciegos dirigidas por un vidente, con la finalidad de almacenar alimentos y distribuirlos a cuanta mas gente mejor. Otra, de firmes convicciones religiosas, organiza una en la que se intenta dar cabida a todo quien lo pida,(con el único requisito de ser creyente). La tercera opción organiza una comunidad en la que cada vidente tiene que aceptar 3 no videntes del sexo contrario para formar algo así como una unidad familiar. Los no videntes son preferiblemente ciegos de nacimiento, los cuales a su vez pueden enseñar a unos cuantos ciegos noveles. Finalmente surge una opción de tipo feudal, en la que 2 o 3 videntes regentan una explotación agrícola en la que trabajan no videntes en régimen de servitud o semi-esclavitud.

Para acabar de complicarlo aparecen los trífidos, una planta carnívora capaz de desplazarse de manera autónoma, ciega, sí, pero dotada de una comunicación rudimentaria. Ni que decir que estas plantas empiezan a “recolectar” seres humanos de los que alimentarse y reproducirse.

La novela tuvo una amplia difusión y se realizaron películas y series televisivas (la última adaptación en 2015).  Más allá del interés mediático, y a los efectos de nuestra discusión filosófica, nos interesa un par de cuestiones: (a) ¿qué puede ocurrir (y ocurre) con nuestra moralidad en un contexto donde todo cambia de valor? y (b) en una situación catastrófica similar a la descrita, ¿nuestros herederos retrocederían inexorablemente a un estado salvaje?

La primera cuestión nos lleva a la filosofía del valor y del desarrollo moral. Kholberg(3) postuló un modelo de desarrollo moral en el que avanzamos desde una etapa egoísta y de obediencia a normas externas (preconvencional), a una etapa donde interiorizamos lo socialmente correcto (convencional), y en ocasiones –(no todos los hombres y por supuesto ninguna mujer, según Kohlberg)–, alcanzamos una etapa en la que determinamos la mejor conducta a partir de principios éticos (etapa postconvencional). En esta etapa postconvencional podríamos intuir conductas ilegales que fueran más éticas (por ejemplo, y en circunstancias precisas, ayudar a un enfermo terminal que desea acabar con su vida). ¿Cuál de las cuatro opciones de las analizadas mas arriba, sería la postconvencional? Y de manera más general, ¿puede ocurrir que en un futuro más o menos inmediato un descubrimiento científico o una catástrofe altere de manera radical nuestros valores morales vigentes? Imaginemos que se comercializa una pastilla que alarga nuestra vida 20 años. ¿De qué manera alteraría nuestra apreciación de valor, las políticas de protección, y cómo dicho cambio repercutiría en los valores morales?

La segunda pregunta nos lleva al concepto de progreso, cooperación y civilidad. Adam Smith(4) ya detectó que la riqueza de las naciones era su capacidad de organizar de manera apropiada la cooperación experta de sus miembros. El panadero se levanta a las 5 de la madrugada para hornear el pan no por altruismo, sino porque su interés converge con mi interés por comprar dicho pan.  Yo le entrego una moneda que dice valer 1 euro a cambio de un pan que es directamente comestible. Algo real (el pan) contra algo hipotético (una moneda que no resulta comestible y que puede ser falsa).  Nuestra civilización progresa gracias a valores virtuales que regulan nuestra conducta. Vivimos literalmente “hipotecados” por consensos sociales que nos reconocen una deuda o nos hacen pagar dicha deuda.

Una catástrofe como la que nos narra Wyndham llevaría (en palabras de uno de los protagonistas de la novela), a un retroceso abrupto que obligaría a cada persona a recuperar muchos procedimientos que apenas valoramos, (por ejemplo, moler el trigo, o fundir hierro), y solo a lo largo de un laborioso proceso de especialización se alcanzaría el know-how para obtener productos que nos son tremendamente familiares (el teléfono alámbrico e inalámbrico, un ordenador…).  La complejidad de nuestro mundo virtual se asienta en una cooperación estrecha de las personas y en una riqueza colectiva que permite liberarnos de tareas físicas. Solo con un porcentaje de la población dedicada a “pensar” puede generarse conocimiento y “mundo virtual”, tan necesarios para el progreso.

Hasta cierto punto la distopia de Wyndham es previa a la distopia de Huxley. El mensaje de Wyndham sería: sin reglas morales y de cooperación adaptadas a cada realidad y entorno, no resulta posible sobrevivir (y menos progresar). Por otro lado, en “un mundo feliz” lo que preocupa a Huxley es el entresijo de esta cooperación, de qué manera puede neutralizarse la ambición humana, y cómo perpetuar la especie sin los peligros de guerras aniquiladoras. Y todo ello preservando la libertad individual. ¿Un oxímoron?



Bibliografía

1.     Huxley, Aldous (1932). The Brave New World. London: Harper and Brother.
2.     Huxley, Aldous (1969). Grover Smith, ed. Letters of Aldous Huxley. London: Chatto & Windus.
3.     Kohlberg, L. (1981). The Philosophy of Moral Development: Moral Stages and the Idea of Justice (Essays on Moral Development,
        Volume 1)   New York:  Harper & Row; 1ª edition.
4.     Simth, A. (1776). An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations.   London: Strahan y Cadell.







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