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Gracia, Diego (2013). Construyendo valores. Madrid: Triacastela
Carlos Pose
Doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca y Máster en Bioética por la Universidad Complutense de Madrid. Es profesor de filosofía en el Instituto Teológico Compostelano (Universidad Pontificia de Salamanca).


Según Valor y precio, obra del mismo autor, los valores se construyen. Y se construyen en sentido “fuerte”. Quiere decirse que cuando se habla de construcción, “construcción no tiene aquí sentido operativo sino constitutivo; no es que haya valores y luego los plasmemos a través de nuestras acciones; es que los valores son el resultado de procesos de construcción llevados a cabo por los seres humanos” (p. 29). Si esto es así, es enorme la responsabilidad moral que tenemos en nuestras manos o en nuestras cabezas. Los valores se construyen y se des­truyen a través de los proyectos humanos. Todo acto humano acaba plasmando valores o disvalores en la realidad. No hay modo de evi­tarlo. Construir valores no es algo opcio­nal, sino una necesidad, o una obligación, en el ser humano. ¿Habrá pues algún modo de hacer esta construcción correctamente, es decir, enriquecer el mundo de valores lo más posible y empobrecerlo lo menos?

La presente obra reúne algunos de los análisis que el autor ha ido haciendo en los últimos años sobre ciertos valores destacados en la bioética actual y además centrales en nuestra vida. Tales son la salud, la dignidad, la hospitalidad, o el propio valor económico, tan inundatorio en el modo de vida actual. A él dedica el segundo capítulo de la obra, “Valores de la crisis, crisis de valores”, cuyo objetivo es llamar la atención sobre la falsa idea de la economía actual, si no de toda. “Parece haberse producido entre los pro­fesionales de la Economía una auténtica conjura en manejarla como una disciplina de puros hechos, al margen de cualquier consideración de valor. A mi modo de ver, se trata de un craso error, no ajeno a lo que está siendo la presente crisis económica. No queremos conven­cernos de que hacer oídos sordos a los valores, cerrar los ojos a su existencia, o simplemente ponerlos entre paréntesis, son ya opciones de valor, por más que negativas y en buena medida inconscientes.” (p. 24).




Algo parecido viene afirmando el autor desde hace años respecto a otras disciplinas, las que reúnen al conjunto de profesionales ocupados y preocupados por los cuidados de salud. De nuevo, la salud no es un puro hecho, sino un valor, como se explica ampliamente en el capítulo cuarto, “Construyendo la salud”. “El público en general, e incluso el personal sanitario, dan en considerar que salud y enfermedad son cuestiones de hecho, hurtando la carga de valor que albergan. En esto proceden exacta­mente igual que antes hemos observado en los economistas. En el caso de la medicina esto no sería tan grave si no fuera por el uso o abuso del sistema sanitario que tal olvido provoca. Hacer pasar como hecho lo que en el fondo es un valor tiene siempre consecuencias desastrosas, la menor de las cuales no es que dificulta de raíz la bús­queda de una solución correcta al asunto. Mi tesis es que algo de eso está sucediendo actualmente, y que solo teniendo conciencia de ello será posible enderezar la deriva del sistema sanitario.” (p. 25).
 
Otros valores y problemas como el de la “ayuda espiritual” (capítulo cuarto), el de “la hospitalidad” (capítulo sexto), el del conflicto entre “ética profesional y ética institucional” (capítulo séptimo), encuentran aquí argumentos para su nueva interpretación a la luz de una teoría constructivista del valor. Por ejemplo, “los más entrados en años recordarán que el término espiritualidad tenía hasta hace no mucho sentido exclusivamente re­ligioso, de tal modo que venía a identificarse ‘vida espiritual’ con vida religiosa, la cual se hacía girar, además, en torno a una figura tan problemática como la del llamado ‘director espiritual’.” (p. 25). Hoy las cosas, afortunadamente, se ven de otro modo.
 
Un tema, en alguna medida de orden distinto, pero de nuevo con efectos en la vida diaria, y sobre todo en problemas que tienen que ver con el inicio y final de la vida, lo constituye el análisis del concepto de dignidad. “¿Es la dignidad un concepto inútil”? (capítulo segundo). El solo enunciado anticipa que se trata de traer al terreno de las ideas lo que durante largo tiempo, al menos desde Kant, ha pasado por ser una creencia, quizá una falsa creencia: la consideración de la dignidad como una propiedad ontológica del ser humano. Todos los pertenecientes a nuestra especie disfrutamos, por el mero hecho de serlo, de dignidad. Por tanto, como propiedad inherente a todo individuo humano, la dignidad se ha convertido en un valor ontológico, y sobre él se ha levantado toda la teoría de los derechos humanos, algo que parece inamovible, evidente y absoluto. Esta interpretación es errónea desde una teoría constructivista del valor, aunque el autor trae también a colación la incoherencia de invocar la dignidad en causas no sólo distintas sino opuestas entre sí.
 
Finalmente, la obra se cierra con un largo capítulo, el octavo, el más largo de la obra, titulado “Misión de la Universidad”. Como es obvio, este texto tiene enorme importancia para los designios de la educación en general, y de la bioética en especial, y es además un tema que al autor le ha ido preocupando cada vez más; lo cual pone de manifiesto su condición de docente y sus numerosos años de experiencia en este terreno. Pero lo que acentúa la relevancia del texto para la comunidad educativa es que fue objeto de exposición en dos acontecimientos académicos de primer orden: uno, la lección inaugural pronunciada en la Universidad Complutense de Madrid en el curso académico 2007-2008; otro, la lección inaugural leída en la Universidad Alfonso X el Sabio en el curso académico 2012-2013. El texto que aquí se publica es así el resultado de la reflexión del autor sobre la misión de la Universidad, a propósito de ambos acontecimientos. Como muchos advertirán, el título es idéntico al de un texto que Ortega y Gasset publicó a fines del año 1930. En los tiempos que corren es forzoso volver a títulos que remedan situaciones actuales. Ciertamente, su diagnóstico sigue siendo válido, aunque no así la solución. A la Universidad se le han atribuido tradicionalmente dos misiones: la de formar profesionales y la de investigar y hacer ciencia. Según Ortega, la obsesión por la ciencia y la técnica ha hecho desconocer la importancia de la cultura (valores intrínsecos) frente a la civilización (valores instrumentales). De nuevo, los valores. Ahora bien, lo que piensa aquí el autor de Construyendo valores es que lo que está en juego no es solo ni principalmente un problema de contenidos, sino el modelo mismo de enseñanza. “La cura que necesitamos es radical, y esta no puede consistir más que en un cambio drástico del modelo de enseñanza.” (p. 245).
 
Como el lector se podrá dar cuenta, todos los análisis constituyen la prolongación práctica de lo que el autor ha descrito teóricamente en Valor y precio. Si esta obra es la exposición de una teoría constructivista del valor, Construyendo valores se ofrece como un avance de la plasmación de lo que esa teoría puede dar de sí en el análisis de algunos valores concretos. La conexión entre ambas obras es pues evidente. De ahí que merezca una especial atención el primer capítulo, el titulado “La construcción de los valores”, porque está a la base de todos los demás análisis llevados a cabo en el resto de la obra. Es la reproducción del discurso de clausura del X Congreso de la Asociación de Bioética Fundamental y Clínica celebrado en Pamplona en el año 2011. El lector agradecerá el acierto de comenzar la obra con este capítulo, con el análisis de las tres tesis axiológicas fundamentales ya desarrolladas en Valor y precio: el intuicionismo axiológico, el subjetivismo axiológico y el constructivismo axiológico. Aunque no se trata de una mera repetición de lo ya dicho allí. En algún sentido es así, pero el autor quiere ahora sacar a la luz algunas consecuencias derivadas de sostener cada una de las tesis anteriores. Por ejemplo, de la primera de las concepciones sobre el valor, la intuicionista, la que se inicia en Platón y desde entonces ha tenido más vigencia a lo largo de la cultura occidental, se deriva que “todo el mundo tiene que ver los valores de igual modo, porque son objetivos y autoevidentes para cualquier sujeto que no esté loco o dominado por sus pasiones.” (p. 40). De lo que se deduce que el intuicionismo es incompatible con cualquier forma de pluralismo. Aplicado al valor religioso, como ha sucedido en nuestro medio cultural por la convergencia entre filosofía griega y religión de Israel, eso dio lugar a la idea de que solo hay una religión objetivamente verdadera, de tal modo que las demás son por necesidad erróneas, como se pensó durante muchos siglos. Después se fueron sucediendo los matices, la tolerancia con las otras religiones (entiéndase bien: la consideración de que la religión cristiana es la objetivamente verdadera y las otras religiones solo pueden ser consideradas subjetivamente verdaderas pero objetivamente erróneas), pero asombra recordar que la aceptación del derecho a la libertad religiosa por parte de la Iglesia católica no se produce hasta 1963, cuando aparece la encíclica Pacem in terris de Juan XXIII.
 
En cualquier caso, los conflictos no terminan aquí, lo cual tiene un punto de importancia y además de explicación desde una teoría constructivista del valor. Los valores no solo se construyen y se destruyen, es que se han ido construyendo y destruyendo a todo lo largo de la his­toria humana. Nosotros somos herederos de las decisiones de valor de todos nuestros antepasados. Es un depósito que se nos entrega al nacimiento y que no podemos no asumir pasivamente. En esta pri­mera entrega no hay proyecto sino mera recepción. A partir de ella llevaremos a cabo nuestros proyectos, y por tanto nuestras decisiones de valor. ¿Tendrá algo que ver este proceso con nuestro lamentable estado educativo en cuestión de valores? Ahora empezamos a percibir el origen de nuestros actuales conflictos en tema de valores. Los valores se construyen, pero se construyen desde un depósito previo. Esto quiere decir que la construcción de los valores tiene un pasado que no se puede borrar, sino superar (es decir, destruir y construir), lo cual produce siempre muchos conflictos. Pero hay que observar que la construcción de valores se hace también desde un presente factual y sobre todo en perspectiva de un futuro mejor. Desde este punto de vista, llama la atención cómo la teoría constructivista del valor entretejida en esta obra asume como ninguna otra uno de los legados fundamentales de la filosofía del siglo XX: la idea de que el ser humano se construye históricamente. Quien no lo vea así está destinado a vivir fuera de su tiempo, o lo que es lo mismo, a no vivir a la altura de los tiempos.
 
Pero hay, por último, otro tema que sin aparecer explícitamente subrayado, a nadie atento a la evolución de la bioética podrá pasarle inadvertido. La obra que ahora reseñamos, por la variedad de temas que aborda dentro de un mismo campo (salud, economía, religión, política, educación, etc.) es la constatación de que la bioética ha traspasado las fronteras de la bioética médica (al modo de una especie de deontología profesional) para convertirse en una bioética global, preocupada por las condiciones sociales de vida de la humanidad y sus niveles de educación y formación moral. Esta evolución no es algo que haya cogido al autor del presente texto por sorpresa, sino que se trata de una idea que viene anunciando ya desde Fundamentos de bioética, pero que sólo ahora, quizá influidos por unas circunstancias sociopolíticas más apremiantes, muchos intelectuales comienzan a ver como tarea de gran urgencia y necesitad. Por lo tanto, sirva también esta reseña para llamar la atención sobre los nuevos cauces que ha comenzado a tomar, que ha tomado ya, la bioética actual, tal y como pone de manifiesto esta obra al abordar temas que a la fuerza han de tener un denominador común: la construcción global de valores y su educación deliberativa.                                                                          
 





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